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| Invitación |
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El papel que las
verdaderas empresas deben desarrollar en la sociedad
del siglo XXI va más allá de la mera generación de
riqueza económica; de hecho, toda empresa “sana”,
como consecuencia natural de su actividad, produce
beneficios sociales : suministra mercancías o
servicios que la sociedad necesita o desea, genera
puestos de trabajo, puede contribuir , por la vía de
la reinversión de sus beneficios, a la innovación
tecnológica, y aporta, con los impuestos, su
contribución al desarrollo de la comunidad social en
la que se inserta.
En los últimos
años, sin embargo, se ha venido acentuando la
tendencia a demandar de las empresas algo más: lo
que se ha dado en llamar un comportamiento
“socialmente responsable”, entendiendo por tal el
que excede de los mínimos reglamentarios y se
propone alcanzar niveles de excelencia en todos los
aspectos que le son exigibles e, incluso, en algunos
que no lo son tanto. Satisfacer esta demanda, y que
se sepa, se ha convertido en un valor que otorga
ventajas competitivas, mientras que incurrir en
alguna grave irresponsabilidad social puede pagarse,
como ha ocurrido en casos recientes conocidos por
todos , hasta con la desaparición de la empresa.
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La prevención de
riesgos laborales, en un sentido más amplio que la
simple evitación de los daños derivados del trabajo,
es decir, en su concepción moderna de promoción de
la salud en el trabajo, es, sin duda, uno de los
capítulos fundamentales de la responsabilidad social
corporativa. De hecho, en un estudio realizado en
2001 por CSR Europe y la Fundación española Empresa
– Sociedad, sobre percepción ciudadana, la
protección de la salud en el trabajo aparecía como
el área principal de responsabilidad social de las
empresas, con un 77 % de respuestas, y las dos que
le seguían en importancia también estaban
relacionadas con el capital humano de la empresa,
por delante de las que se refieren a clientes,
proveedores, accionistas o el propio entorno social.
Las políticas de
empleo de las Administraciones Públicas, haciéndose
eco de esta tendencia, han reformulado sus
objetivos, que ahora consisten no sólo en la
creación de empleo sino de empleo de calidad: o sea
estable, seguro y saludable.
Esta nueva
orientación, crear más y mejores puestos de trabajo,
también aparece reflejada en las políticas del
Gobierno de Andalucía. Así, el Decreto que establece
la estructura de la Consejería de Empleo señala que
“la calidad del empleo no se puede obtener de manera
óptima si el trabajo no se presta en unas
condiciones idóneas de seguridad y salud”;
igualmente, el VI Acuerdo de Concertación Social,
suscrito el pasado 25 de Enero, contiene sendos
capítulos dedicados a la “Seguridad y Salud Laboral”
y al “Empleo y la Responsabilidad Social
Corporativa” en el apartado correspondiente a la
“Cultura de la Calidad en el Empleo”.
Creo que lo
expuesto hasta aquí justifica plenamente que esta
edición, de afortunada confluencia entre dos líneas
congresuales de amplia trayectoria y reconocido
prestigio, como son ORP y PREVEXPO, se
celebre bajo el lema “Hacia un nuevo paradigma en la Prevención de Riesgos Laborales”.
La junta de
Andalucía le invita a que participe activamente en
este Congreso, un evento que la ciudad de Sevilla
acogerá con la hospitalidad y la calidez que le
caracteriza, en la seguridad de que la puesta en
común de conocimientos y experiencias que se
pretende resultará enriquecedora para nuestra
formación y determinante para la mejora de las
condiciones de trabajo y la reducción de la
siniestralidad.
Antonio Fernández García
Consejero de Empleo
Junta de Andalucía
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